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El Círculo Dorado

El círculo dorado es la ruta más turística y popular de Islandia. Descubre qué puedes ver en un día de excursión entre cráteres, cascadas y géiseres.

Guía de Islandia – Día 3

🚘 Ruta: Reykjavík – Círculo Dorado – Reykjavík (241 km)
🛌 Alojamiento en Reykjavík: Stay Apartments Einholt

El círculo dorado es el recorrido turístico más popular de Islandia. Consta de 3 paradas en las que descubrir la parte salvaje del país viendo cascadas, géiseres y un increíble paisaje volcánico. Al partir de Reykjavík y terminar en esta misma ciudad, el trayecto forma un círculo (de ahí el nombre) que es muy fácil de visitar en coche durante un día de excursión.

Aunque es recomendable ir con más tiempo y recorrer toda la ring road (la carretera número 1 que recorre todo el país), si no tienes esta posibilidad, el círculo dorado es la excursión que no puedes perderte si visitas el país.

Ruta del Círculo Dorado de Islandia.
Ruta del Círculo Dorado de Islandia.

Los puntos principales del círculo dorado son la zona geotermal de Geysir, la cascada Gullfoss, y el parque nacional de Þingvellir. Pero puedes variar y adaptar este recorrido según tu viaje, añadiendo más puntos de interés que puedes encontrar cerca.

En nuestro caso, nos levantamos pronto para salir del apartamento en Reykjavík y coger el coche camino a la carretera número 1 en dirección sudeste. Hoy sí, el pequeño Fiat Panda Cross iba a tener que lucirse casi 250 kilómetros, aunque las carreteras que conforman el círculo dorado son realmente buenas.

Nuestro primer destino era visitar el cráter Kerið, a medio camino entre Reykjavík y Gullfoss. Nada más salir de la capital del país, el terreno cambia totalmente y te empiezas a adentrar en la verdadera naturaleza islandesa. Ahora sí, el país empezaba a mostrar lo que veníamos buscando en este viaje.

En ruta de camino al círculo dorado.
En ruta de camino al círculo dorado.

Cráter Kerið

El cráter Kerið se formó hace 6.500 años y forma un óvalo de 270 metros de largo por 170 de ancho, con una profundidad de 55 metros. Su particularidad es que en el interior del cráter volcánico hay una laguna de agua verdosa.

Al llegar, el aparcamiento es gratuito, pero la entrada para poder recorrer el cráter tiene un precio de 400 ISK (coronas islandesas) por persona. Antes la entrada era libre, pero al tratarse de una propiedad privada, los dueños del terreno decidieron establecer un precio a la visita para ayudar a su conservación. Por menos de 3€ al cambio, no debes perderte esta visita.

Cráter Kerið.
Cráter Kerið.

Puedes recorrer todo el óvalo que forma el cráter volcánico a pie en unos 20 minutos, aunque si te gusta la fotografía puedes perder la noción del tiempo. Al ser nuestra primera parada y la toma de contacto con la naturaleza del país, tuvimos que ir mirando el reloj para no ir con retraso en las siguientes paradas del recorrido del círculo dorado. Además, el día nos acompañó con un sol más parecido al que tenemos en Barcelona que el que imaginábamos encontrar en septiembre en Islandia.

En la mayoría de puntos de interés turístico del país, encontrarás un panel informativo con detalles sobre cómo se formó el cráter Kerið. Cuando vayas por la carretera, estos puntos de interés están marcados con el símbolo ⌘ (a los que usen teclados de Apple para ordenadores Mac seguro que les suena, aunque no tiene nada que ver aquí). Algunos paneles incluso tienen la información en Español, como puedes ver en la siguiente foto, en la parte inferior izquierda:

Panel informativo a la entrada del cráter Kerið.
Panel informativo a la entrada del cráter Kerið.

Lo bueno del cráter Kerið es que hay un camino de bajada a la laguna interior del volcán. Aunque no se trata de un volcán activo, nos llamó la atención bajar para tocar el agua y ver si estaba caliente. Aunque hay que ir con cuidado en Islandia antes de meter la mano en según que aguas, ya que puedes hacerte un destrozo cuando la temperatura es muy alta, no es el caso de la laguna del cráter Kerið, ya que está fría. Además, el agua de la laguna se congela en invierno.

Lago en el interior del cráter Kerið.
Lago en el interior del cráter Kerið.

De este lugar guardamos especial buen recuerdo ya que fue el primer sitio en el que volamos nuestro dron. Aprovechamos que no había demasiada gente a la hora en que llegamos por la mañana y sacamos el pequeño DJI Spark que venía con nosotros desde Barcelona para estrenarlo como se merece. Además, al menos cuando nosotros visitamos el cráter, no había prohibición para volar drones.

No sacamos los mejores planos del mundo, ya que el sol estaba bajo al ser tan pronto y había reflejos, pero nos sirvió para ir cogiendo confianza. Lo compramos días antes de venir y sólo lo habíamos probado una vez. Pero fue muy divertido ver el cráter desde arriba. No sería el último cráter que volaríamos 😉

Área geotermal de Geysir

De vuelta al coche, seguimos la ruta ahora sí para visitar el área geotermal de Geysir, en el valle de Haukadalur. Esta es nuestra primera parada oficial en el círculo dorado, y una de las más espectaculares del país ya que puedes ver la erupción del géiser Strokkur. Pocos son los países que pueden decir hoy en día que tienen géiseres activos, y como no puede ser de otra forma, Islandia es uno de ellos.

Geysir, el primer géiser de todos.
Geysir, el primer géiser de todos.

De echo, en esta zona encuentras a Geysir, el primer géiser que dio nombre a todos los demás géiseres del planeta. En su día llegaba a tener erupciones de más de 100 metros de altura. Lamentablemente, ya no está activo, así que no esperes verlo erupcionar. Pero no te preocupes, ya que su hermano menor, Strokkur sigue su legado.

Cuando visites la zona, ten cuidado por donde pisas. Respeta los caminos indicados y no te los saltes ya que hay muchas zonas de agua muy caliente donde es mejor no meter el pie. De todas formas, está todo bien señalizado y marcado. Incluso puedes hacer la visita con niños sin problema.

Zonas de agua caliente en el area geotermal de Geysir.
Zonas de agua caliente en el area geotermal de Geysir.

Verás muchas fumarolas de camino a la zona de Geysir. Incluso es posible que desde el coche antes de llegar al aparcamiento veas la nube de vapor de alguna erupción de Strokkur. Es el indicativo de que has llegado al lugar correcto.

El géiser Strokkur es muy fácil de encontrar. Allí donde veas que hay un círculo de gente a la espera y mirando todos al mismo punto habrás encontrado el lugar. No tiene perdida. Por suerte, el espectáculo se ve de sobras ya que hay espacio suficiente alrededor.

Strokkur, el géiser activo de la zona geotermal de Geysir.
Strokkur, el géiser activo de la zona geotermal de Geysir.

Las erupciones de Strokkur se suceden en periodos de entre 5 y 10 minutos. Algunas veces la altura del agua y vapor expulsados del interior de la tierra pueden alcanzar los 20 metros, mientras que otras veces la fuerza de este fenómeno es mucho menor, quedándose la erupción más reducida. De todos modos, es un espectáculo digno de ver y oír, ya que el ruido generado por el agua a presión saliendo a toda velocidad es muy curioso. Lo escuchamos desde el parking.

Entre ver toda la zona geotermal, las fumarolas y charcos de agua caliente brotando del suelo, y esperar a que Strokkur haga su magia varias veces, es fácil que estés un buen rato allí. Nosotros llegamos a media mañana y se nos hizo la hora de comer allí. Si es tu caso, debes saber que hay un centro de visitantes con restaurante. Aunque nosotros ya íbamos preparados con comida, es una buena opción para reponer fuerzas de cara a la siguiente parada.

Una de las erupciones de Strokkur.
Una de las erupciones de Strokkur.

Gullfoss, la cascada dorada

Muy cerca de Geysir encontramos Gullfoss, la cascada dorada. El río Hvítá fluye caudaloso todo el año y en este punto encuentra varios saltos de diferentes alturas hasta una grieta de más de 30 metros de profundidad.

Al llegar al parking y salir del coche lo primero que llama la atención es el ruido del agua. Este pasa de un leve rumor a un sonido más potente a medida que te acercas. No es la cascada más caudalosa ni tiene el salto de agua más alto de Islandia, pero en cuanto llegas a allí entiendes porqué se llama la cascada dorada.

Gullfoss, la cascada dorada de Islandia.
Gullfoss, la cascada dorada de Islandia.

La primera vista desde la parte superior ya es increíble. Y aunque hicimos muchas fotos y vídeos, no es lo mismo que estar allí presenciando la fuerza del agua al caer y verlo con tus propios ojos.

El camino de bajada hasta la zona que puedes ver en la foto anterior donde se concentra la gente y donde más cerca del agua estás no es malo. Eso sí, en invierno es muy posible que lo encuentres cortado. Si ya en septiembre es muy fácil que te mojes con el spray de agua que se levanta, transportado por el viento y dejando el camino húmedo, en invierno se cubre de hielo, lo que hace imposible la bajada.

Al borde de la cascada Gullfoss. La foto nos la hizo una pareja de australianos.
Al borde de la cascada Gullfoss. La foto nos la hizo una pareja de australianos.

Bajamos hacia la parte más inferior de la cascada y vimos de cerca la fuerza del agua. Es curioso pensar que Gullfoss estuvo a punto de dejar de existir cuando a mediados del siglo XX se valoró la posibilidad de crear una central para producir electricidad aprovechando esta fuerza del agua. Por suerte, el proyecto no tiró adelante y finalmente se optó por proteger la zona de Gullfoss.

En días soleados, como el que nosotros tuvimos, es muy fácil que aparezca el arco iris. Aprovecha los distintos miradores que encontrarás, varios de ellos en la parte superior, para ver la catarata Gullfoss desde todos sus ángulos.

Arco iris en Gullfoss.
Arco iris en Gullfoss.

Ya de vuelta a la parte superior nos encontramos con varios caballos islandeses. Aunque no son los caballos más altos que habrás visto, sus características melenas les hacen especialmente fotogénicos.

Como curiosidad, se trata de una raza autóctona y protegida que desciende de los caballos que los primeros vikingos trajeron a la isla. Además, si un caballo sale del país, aunque sea para una competición, no podrá volver. Es la forma de protegerles frente a enfermedades foráneas.

Los encontrarás en muchos lugares si acabas haciendo, como nosotros, el recorrido completo por la ring road de Islandia.

Caballos islandeses.
Caballos islandeses.

Parque nacional de Þingvellir

La última parada del círculo dorado es el parque nacional de Þingvellir. Es un lugar donde los procesos geológicos de Islandia se desarrollan delante de ti; donde tuvieron lugar casi todos los principales eventos históricos; y, también, un lugar con unas vistas increíbles y con muchas actividades para hacer.

Vistas del Parque Nacional de Þingvellir desde la entrada del centro de visitantes.
Vistas del Parque Nacional de Þingvellir desde la entrada del centro de visitantes.

Lo primero que hicimos al llegar es dejar el coche aparcado cerca del centro de visitantes (esta vez el aparcamiento no es gratis, aunque hay zonas más alejadas donde no pagas e incluso puedes acampar). En el centro de visitantes tienes toda la información necesaria sobre actividades y rutas.

Nosotros optamos por bajar hacía la grieta que separa el continente europeo del americano. Por si no lo sabías, Islandia está dividida en este y oeste a través de una falla que separa la placa tectónica norteamericana de la eurasiática. Y esta división se va haciendo cada año más grande. Se dice que un par de centímetros cada año. Además, esta actividad tectónica es la que creó la isla.

Grieta entre continentes en Þingvellir.
Grieta entre continentes en Þingvellir.

No es algo que vayas a notar, está claro. Pero si visitas Þingvellir, el camino principal por el que puedes ir a pie es justo la grieta que separa ambos continentes. Así que estás en un lugar especial.

En el año 930, el Alþingi, una de las instituciones parlamentarias más antiguas del mundo, fue fundada aquí. En Þingvellir se reunían cada año los diferentes pobladores de Islandia para resolver sus disputas y recitar las diferentes leyes. Incluso el Alþingi servía como justicia para condenar a los criminales en esta asamblea.

Desde la parte superior podrás ver una panorámica de todo el valle y de la zona donde tenía lugar el Alþingi, junto a la bandera del país. Hoy en día, el parlamento se encuentra en la capital, Reykjavík, aunque la residencia de verano del primer ministro sigue en Þingvellir.

Río que se origina por la cascada Öxarárfoss en Þingvellir.
Río que se origina por la cascada Öxarárfoss en Þingvellir.

Si sigues caminando por la grieta, acabarás pasando por encima de un río que se origina en la catarata de Öxarárfoss. Viniendo de Gullfoss, no es una catarata muy espectacular, pero aún así es un buen lugar para hacer algunas fotos. Además, la caminata con todas las formaciones rocosas de la grieta entre continentes ya vale la pena.

Entre las diferentes actividades que puedes realizar en Þingvellir, quizás la que más curiosidad despierta es hacer snorkel en Silfra, una fisura en el lago Þingvallavatn dentro del parque. Nosotros no lo hicimos por miedo al frío, pero sí que nos encontramos con grupos que iban con el neopreno puesto de camino a la zona de buceo.

Öxarárfoss, la cascada que encontrarás dentro del Parque Nacional de Þingvellir.
Öxarárfoss, la cascada que encontrarás dentro del Parque Nacional de Þingvellir.

Después de la caminata en Þingvellir hasta ver Öxarárfoss volvimos al coche y tomamos el camino de vuelta a Reykjavík. Como todavía nos quedaban unas horas de luz (algo que hubiera sido imposible en invierno), de forma improvisada decidimos añadir un punto más a la ruta, antes de llegar a nuestro apartamento.

Museo Perlan

El Museo Perlan fue nuestra última parada del día. Se encuentra sobre la colina Öskjuhlíð, en un entorno único que permite disfrutar de unas vistas panorámicas increíbles de Reykjavík y sus alrededores. Dentro encontrarás diferentes exposiciones que resumen todo lo que te vas a encontrar en el país: desde la fauna a los diferentes fenómenos naturales y actividad geológica.

En principio no teníamos pensado entrar, pero al acercarnos nos dimos cuenta de que una parte del museo estaba en obras y la entrada estaba con un descuento especial por ello. Lo mejor es que el Museo Perlan tiene una cueva de hielo artificial que puedes visitar con la entrada. Así que como no teníamos previsto hacer ninguna excursión similar, aprovechamos la oportunidad y entramos.

Museo Perlan
Museo Perlan.

Además, coincidía que la siguiente visita a la cueva era en 5 minutos. Nos tocó correr para llegar a la entrada, pero como puedes ver en la siguiente foto, pudimos visitar la cueva. Si no vas preparado, te dejan un abrigo térmico para ponerte por encima, aunque la verdad es que aún haciendo frío, no era para tanto.

Al salir de la cueva, aprovechamos para dar una vuelta por el museo y ver las diferentes exposiciones. En nuestra opinión, si has ido a Islandia pocos días, el museo te puede ser interesante para ver todo lo que el país tiene. A nosotros nos gustan los museos, y más aún si la entrada está rebajada 😉.

Cueva de hielo artificial.
Cueva de hielo artificial.

En la parte superior del museo tienes una cúpula que permite ver todos los alrededores con vistas de 360º. Si vas al museo, no te olvides de subir arriba y aprovechar para disfrutar de una de las mejores vistas de la capital de Islandia.

Como ves en la siguiente foto, destaca sobre el resto Hallgrímskirkja, la iglesia del centro de Reykjavík, a cuya torre habíamos subido el día antes. Aunque no entres al museo, no te pierdas las vistas de la ciudad desde Perlan.

Vistas de Reykjavík desde el museo Perlan.
Vistas de Reykjavík desde el museo Perlan.

Al finalizar la visita al Museo Perlan, cansados y con ganas de volver al apartamento, pusimos punto final al círculo dorado, nuestra primera excursión de verdad por Islandia. Al día siguiente nos tocaba visitar Reykjavík en más profundidad y coger fuerzas para el comienzo de la ruta por la ring road.

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